Honduras: Los estudiantes que se tomaron la educación

Honduras vive hasta el momento, la peor crisis de la era post-golpe. Una lucha que inició en 2009 con el golpe de Estado que los militares Hondureños daban el 28 de junio tomaba más energía que nunca. Hace pocos meses el Presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández,  anunció reformas que privatizarían la salud y la educación en el país. El sector salud, educación y estudiantil, son de los pocos que sostienen aún fuerza de cara al gobierno. 

Con ese contexto inicia esta historia, la historia de 25 jóvenes estudiantes que al verse en la sombra de la privatización deciden actuar.

Algunos de los estudiantes que sostienen la toma en el Instituto Héctor Pineda Ugarte caminan por el recinto educativo. Foto: Camilo Freedman/La Crónica

Algunos de los estudiantes que sostienen la toma en el Instituto Héctor Pineda Ugarte caminan por el recinto educativo.
Foto: Camilo Freedman/La Crónica

El Instituto Héctor Pineda Ugarte se encuentra en el centro de un barrio popular en Tegucigalpa. En medio de unas 25 mil viviendas, se encuentra un kínder y a su lado dicho Instituto, en el que estudian unos 700 jóvenes.

En tres jornadas: matutina, vespertina y nocturna; los estudiantes que cursan de séptimo a tercer año de bachillerato llevan a cabo sus actividades educativas.

Pero la situación de los estudiantes cambio. El 6 de marzo, unos 25 estudiantes se tomaban, de forma pacífica la institución en la que, por años, han estudiado.

La toma de estos estudiantes responde a dos problemas de los cuales ellos son víctimas. El primero, la amenaza de privatizar su educación. La segunda, una decidida lucha contra las injusticias del personal educativo. Injusticias que según estos estudiantes rondan desde una pésima calidad educativa, hasta el desvió de fondos públicos que deberían de ser utilizados para mejorar sus condiciones.



“Por una vida mejor” lee una silla en el centro escolar. Sin embargo, las condiciones en las que el Instituto se encuentra no concuerdan con este Slogan. Foto: Camilo Freedman/La Crónica

“Por una vida mejor” lee una silla en el centro escolar. Sin embargo, las condiciones en las que el Instituto se encuentra no concuerdan con este Slogan.
Foto: Camilo Freedman/La Crónica


Una escuela destruida

Está claro porque los estudiantes deciden reclamar. El instituto está en pésimas condiciones: Pizarras rotas, pupitres dañados, paredes agrietadas y baños que podríamos comparar con los del estadio Cuscatlan.

La escuela entera parece estar al borde del colapso. Los salones, la cancha y pasillos se inundan cada vez que llueve. En el centro educativo existen tres pares de baños, de los cuales dos permanecen permanentemente cerrados. 700 estudiantes tienen que utilizar un set de baños de hombres y uno de mujeres, que cuentan únicamente con seis inodoros.

Baño dentro del Instituto Héctor Pineda Ugarte. Foto: Camilo Freedman/La Crónica

Baño dentro del Instituto Héctor Pineda Ugarte.
Foto: Camilo Freedman/La Crónica

A un costado del recinto, un pasillo sirve de hogar para cientos de pupitres que según los estudiantes, han encontrado su lugar para arruinarse y únicamente tomar espacio, ya que no se arreglan ni se desechan.

Un pasillo a un costado del Instituto “HPU”, sirve de hogar a cientos de pupitres arruinados. Foto: Camilo Freedman/La Crónica

Un pasillo a un costado del Instituto “HPU”, sirve de hogar a cientos de pupitres arruinados.
Foto: Camilo Freedman/La Crónica

Un director inexistente

En este instituto ocurren algunas cosas extrañas y no nos referimos a los “sustos” que los estudiantes aseguran haber visto en algunas de las frías noches en las que duermen dentro del recinto educativo. El director, cuyo nombre incluso desconoce la mayoría de estudiantes, pero que algunos identifican como José Marcial; es un hombre que no cumple con su horario laboral. De las treinta y seis horas semanales que según sus estudiantes su labor le demanda, solo le han visto un total de tres veces en el año.

No es cuestión nueva, ni las tomas, ni la falta de director. En 2014 una toma de seis meses realizada por diferentes estudiantes en el mismo instituto, el director de la institución, quien según los estudiantes se destaca en su cargo desde 2003, se presentó únicamente cuando el ambiente de la toma se puso tenso.

En el Instituto Héctor Pineda Ugarte, la palabra “Corrupción”  aparece escrita en una de las pizarras. Foto: Camilo Freedman/La Crónica

En el Instituto Héctor Pineda Ugarte, la palabra “Corrupción” aparece escrita en una de las pizarras.
Foto: Camilo Freedman/La Crónica

Un dinero que nunca apareció

A las “irregularidades” del director y los administrativos se suma el reporte de una presunta malversación de fondos públicos.

De estas supuestas malversaciones, dos casos destacan.

El primero ocurre en 2014 y es el de una donación de 100 computadoras, de las cuales 39 nunca aparecieron. 

Únicamente las cajas de las laptop marca HP permanecen dentro del instituto. Ante cuestionamientos de los estudiantes y padres de familia, la institución solo ha callado.

Cajas de laptops HP se ven apiladas en una ventana. Foto:  Camilo Freedman/La Crónica

Cajas de laptops HP se ven apiladas en una ventana.
Foto: Camilo Freedman/La Crónica

El segundo caso es el de los comedores escolares. Mencionan que cada comedor – de los cuales existen dos en el instituto- debe pagar al centro educativo 6 mil Lempiras, equivalente a unos 244 dólares al mes. El año escolar de Honduras es de 10 meses, lo que suma un total de 120 mil Lempiras, una fuerte cantidad de aproximadamente 4,900 dolares. De este ingreso que el Instituto recibe, parece que ni un dólar ha ido a parar a la solución de los problemas que los estudiantes demandan. 

Los estudiantes, que viven una difícil situación dentro del recinto educativo, ya que por su causa han sufrido desvelo, frío y hambre; han tenido algunas pequeñas victorias.

En pequeños cuartos y pasillos, los estudiantes duermen, comen, viven. Foto: Camilo Freedman/La Crónica

En pequeños cuartos y pasillos, los estudiantes duermen, comen, viven.
Foto: Camilo Freedman/La Crónica

Hace 15 días, los estudiantes lograron que el paro total de clases terminará. Ahora ellos y sus compañeros reciben dos horas y cincuenta minutos de clases. Aunque desean que su horario normal retornara, son pocos los maestros a su lado, dispuestos a laborar en este momento.

Los estudiantes no tienen fecha para finalizar su toma y con el decimo aniversario del golpe de estado, sus energías únicamente aumentan. El futuro de ellos, sus compañeros y el país, es incierto.